04:00, sonaba el despertador, al tenerlo todo preparado, solo teníamos que vestirnos y ponernos en ruta hacia el aeropuerto.

Llegamos al aeropuerto temprano, para poder pasar el control sin problemas y desayunar tranquilamente. ¡Un café por favor!

Subimos al avión de las primeras y el embarque es rápido, el viaje empezaba en breves. Despegamos con bastantes turbulencias, menos mal que solo duraron 15 minutos, volvemos a la calma.

En el asiento del lado, se sentaron dos chicas que también iban hacer el camino, así que después de entablar conversación y saber que ellas iniciaban el camino desde la misma etapa, decidimos coger juntas un taxi hasta Tui.

Una curiosidad, ninguna de nosotras se presentó hasta llegar al destino, no preguntéis por qué, pero hablar, hablamos por los codos.

El taxista fue muy agradable y amable, nos recomendó varias cosas que hacer, además de darnos lecciones de historia. El viaje fue de unos 30 minutos aproximadamente, y costó 30 euros a repartir entre cuatro.

Las dos chicas (Inma y Alba), se despedían de nosotras porque empezaban etapa ese mismo día, pero quedamos en vernos al día siguiente en Redondela.

Desde Tui (Tuy), hay dos opciones hasta llegar a Redondela:

Nosotras decidimos en su momento hacer la doble etapa, así que haríamos los 35 kilómetros un mismo día.

Una vez en Tui, lo primero fue ir a buscar nuestro albergue y así poder dejar las mochilas y obtener nuestras credenciales (2 euros).

Nos alojamos en Buen Camino, un albergue limpio, espacioso y en la que nos brindaron una muy buena atención. Obviamente, la pregunta que siempre hacemos en los sitios es: ¿Dónde nos recomiendas comer?

Esta vez nos decidimos por el Bar de Boby, donde comprobamos el gran pan que tienen en Galicia. Después de un gran desayuno (bueno y barato), decidimos visitar el pueblo de Tui, su casco antiguo donde se encuentra la catedral para finalmente, hacer el camino fluvial, que nos llevaría a cruzar la frontera de España con Portugal para llegar a la Fortaleza de Valença Do Minho. Os recomendamos meter los pies en el río Miño y dejarse llevar por el paisaje.

La Fortaleza de Valença es una ciudad amurallada semejante a Carcassonne, merece la pena perderse por sus rincones.

Decidimos comer allí, y así evitar las horas de más calor para volver ya que nos podíamos derretir como bombones. Durante la comida, tomamos la mejor decisión de todo el día, ir al albergue, ponernos el bañador e irnos a la piscina municipal de Tui (2 euros la entrada). Que fresquita estaba el agua y como disfrutamos la tarde.

Nuestro primer día se acabó haciendo una merienda/cena en la crepería “Le Crêpe Da Pia” y pronto a descansar, porque al día siguiente nos tocaban 35 km para el cuerpo y madrugón.

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