La noche anterior lo habíamos pasado de lujo, y disfrutamos de Caldas de Reis a nuestra manera. En el restaurante “O Muiño” no faltaron los chupitos de crema de orujo.

Costó arrancar, así que antes de empezar, esperamos a nuestros compañeros tomándonos algo calentito en el único bar abierto.

No sabíamos que nos esperaba en esta etapa, pero la verdad es que la ruta mejoraba por días.

Quizás esta etapa sea la más llamativa del tramo Gallego del camino Portugués. El desnivel sigue siendo moderado, la tendencia siempre es a ganar altura, pero hay más repechos y falsos llanos que el día anterior. No nos importaba, merecía la pena. Esta vez son 19 kilómetros, volvemos a tener una etapa corta antes de emprender el camino hacia la última etapa.

Parecía primavera, toda la montaña que tuvimos que rodear estaba verde. Hay tramos de bosque que se alternaban con algunos metros de asfalto, adoquines, gravilla y/o tierra.

Al ser una etapa tan verde, nos paramos varias veces a admirar el paisaje. Aún en ocasiones seguíamos cantando para hacer más llevadero el camino, pero hubo ratos más largos en que todos estuvimos callados y disfrutando de el silencio en medio de un frondoso bosque.

En esta etapa cometimos un error, nos pasamos el bar- restaurante que había a mitad de camino en “O Pino”, y tuvimos que caminar 2,5 kilómetros más, para poder desayunar en  el Autoservicio San Miguel de Valga (Bar – Tienda). El problema no fue el hambre o la distancia entre uno y otro, sino, que “desayunamos lo mismo” de cada día, por 6 euros más de lo habitual. Nos pareció a todos una estafa, además de que parecían no fiarse de que pagaríamos el desayuno al acabar. El problema real, es que el camino transcurre cercano a pequeños núcleos, pero en muchos de ellos no se llega a penetrar, por lo tanto, se aprovecharon en este sentido de la subida de precios.

Como en las etapas anteriores nos encontramos con una variante al trazado original del camino, los peregrinos que prefieran evitar la carretera N-550, deben coger el camino de la derecha, los que opten por ir por el arcén solo se ahorrarán unos metros. La variante del camino se encuentra pasando la iglesia de San Julián (Pontecesures) de largo y, al llegar a una especie de mirador, hay que tomar la flecha que indica hacia la derecha.

Always take the scenic route. 

Si, nosotras siempre escogíamos la variante que nos daba un paisaje o unas rutas que valían mucho más la pena.

Al ser una etapa corta, volvimos a llegar con mucho tiempo por delante, así que aprovechamos para volver a lavar toda la ropa, ducharnos, preparar la mochila y dejarla lista para el día siguiente y buscar sitio dónde comer.

En Padrón, nos alojamos en el albergue privado “Corredoiras”, que también recomendamos sin lugar a dudas. Literas cómodas, altas y más grandes de lo habitual. En el centro de Padrón y por donde el pasa el camino para seguir a Santiago. El precio es de 16 euros, pero tiene un valor añadido y es que, si llegas antes de las 17.00h, tienes servicio de lavandería gratuito. Es decir, que después de comer, nos encontramos la ropa limpia y doblada encima de nuestras camas.

Hay que decir que albergue público de Padrón estaba muy bien cuidado y merecía la pena ir por precio (6 euros) y calidad.

A la hora de comer, nos descantamos por una sugerencia que nos dieron un grupo de extremeños, la “Pulperia Rial”. Solo deciros: ¡Que bueno estaba todo!

Os lo recomendamos encarecidamente, sobretodo el pulpo, el raxo y los pimientos de padrón.

Esa tarde la aprovechamos para descansar hasta que se hicieron las 19.00h de la tarde. Como siempre nos volvimos a juntar para tomar algo y cenar todo el grupo junto.

Decidimos que ese día, tocaba pedir pizzas y aprovechar la sala comuna del albergue público para reunirnos todos. Como siempre, decisión acertada.

La noche cayó rápidamente, hacía frío, y con el estomago lleno y el cansancio acumulado, no tardamos en irnos a dormir. Al día siguiente nos esperaría una etapa complicada de afrontar, no por los kilómetros o la dificultad, sino por las ganas de llegar a Santiago de Compostela.

La cama nos absorbió y dulces sueños peregrinos.

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