No dormimos nada. Al ser un albergue privado estuvo entrando gente hasta las 1:00 a.m., y obviamente no fueron silenciosos.

Nos vestimos rápido, desayunamos y empezamos a caminar a las 5:30 a.m. Todo oscuro, nadie por las calles, solas completamente.

La doble etapa que venia a continuación, iba a ser dura. Unos 35 kilómetros aproximadamente, unas 8 horas andando.

Daba “miedo” estar tan solas en medio del camino, esperábamos que amaneciera para que se animará y poder disfrutar del paisaje. Prácticamente, hasta no llegar a O Porriño, estuvimos solas. Una vez allí, paramos a desayunar con más peregrinos.

Es una etapa bastante asequible, pese la distancia que hay que recorrer. Solo podemos destacar una subida de hoy que es el ascenso a la capilla de Santiaguiño, en la que ganamos, desde el albergue de Mos, 147 metros de altitud en 3,1 kilómetros.

Hay que dar un dato de interés, y es que para evitar el polígono industrial de O Porriño, hay un itinerario alternativo por el espacio natural de As Gándaras y río Louro, merece la pena hacer 2 kilómetros más.

El desayuno estaba delicioso y sobretodo, barato (había que ir ahorrando). Retomamos el camino, nos quedaban 4 horas aún, pero nos lo tomamos con muchísimo humor. Cuando quedaban unos 3 kilómetros para llegar a Redondela, nos encontramos con un pequeño grupo y nos unimos a ellos. El grupo estaba formado por un argentino, un italiano y un granadino. Los 5 juntos llegamos bastante cansados, porque los estos últimos kilómetros se hicieron eternos y teníamos hambre, pero mereció la pena el esfuerzo de realizar la doble etapa ese día, por fin llegamos a Redondela (provincia de Pontevedra).

Lo mejor que hicimos, fue ir a comer solo llegar, además aprovechamos para conocernos más entre todos. Una decisión unánime cuando vino el camarero: ¡Una estrella galicia para todos!

Con el estómago lleno y felices, nos pusimos en busca de nuestro albergue privado, “Albergue A Conserveira” muy aconsejable. Allí nos encontramos a las dos chicas de Barcelona que viajaron con nosotras en el avión. El mundo es un pañuelo, ¿casualidad?

En el albergue, aprovechamos que tenían lavadero para lavar la ropa a mano, así al día siguiente ya estaría seca y limpia.

En vez de descansar, ese día estuvimos de cháchara con Alba e Inma (las chicas de barcelona), incluso aprovechamos para dar un paseo para conocer el pueblo, y que las piernas no se engarrotasen después de tantos kilómetros. Al principio parecíamos patos todas, ya os podéis imaginar.

Después del paseo, nos fuimos a tomar algo todos juntos; nosotras 4 conjuntamente con los 3 chicos con los que habíamos compartido el final de la etapa y 3 personas más (una valenciana, un madrileño y un cordobés). Hicimos una buena piña y decidimos cenar juntos en el bar “Los Leones” y continuar la juerga. Era un sin fin de risas, nos encantó poder compartir ese día con todos ellos. Alba, Inma, Alex, Ángel, Adrián, Leo, Alicia y Pepe, sois la ostia.

Después de un largo pero gran día, llegó la noche y con ella, los ronquidos. Os podemos asegurar que dormimos como troncos aquella noche.

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